
El
Primer Ministro de Australia, Kevin Rodd, anunció un ambicioso plan: se trata de la construcción de una red que conectaría al 90% de los hogares de dicho país, a una velocidad de 100
MBps, mediante el uso de cables de
fibra óptica. El otro 10% se conectaría mediante una red inalámbrica de 12 MBps. Esto se lograría mediante una inversión pública y privada, cercana a los US$30 mil millones. El premier separó aguas, eso sí, y dijo que el porcentaje de participación estatal debe ser superior al 51%, para así asegurar el control del Estado sobre la misma.
En paralelo, en el congreso de ese país se está tramitando la idea de crear un
firewall nacional, que bloquearía los contenidos de pornografía infantil y descargas
p2p, a un costo de US$125 millones.

En Chile la situación es un poco distinta. Nuestra velocidad máxima de navegación hogareña es de apenas 10 MBps y cuesta, según valores de la
OCDE, 5 a 7 veces más que en los países miembros de dicha organización. Solo en Japón, el valor mes por MBps es de US$0.3. Algo de lo que estamos muy lejos.
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